"Si tu pálido rostro que acostumbra a enrojecer ligeramente bajo los efectos del vino o la alegría, arde de cuando en cuando de vergüenza al leer lo que aquí está escrito; cual bajo el resplandor de un alto heno, entonces, tanto mejor para ti. El mayor de los vicios es la ligereza; todo lo que llega hasta la conciencia es justo."

miércoles, 25 de marzo de 2009

Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en juicio; y en ocasión del secuestro de Aldo Moro, cuando un miembro de los servicios de seguridad le propuso al General Della Chiesa torturar a un detenido que parecía saber mucho, le respondió con palabras memorables: «Italia puede permitirse perder a Aldo Moro. No, en cambio, implantar la tortura».

No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.

Nuestra Comisión no fue instituída para juzgar, pues para eso estan los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje. Y, si bien debemos esperar de la justicia la palabra definitiva, no podemos callar ante lo que hemos oído, leído y registrado; todo lo cual va mucho más allá de lo que pueda considerarse como delictivo para alcanzar la tenebrosa categoría de los crímenes de lesa humanidad. Con la técnica de la desaparición y sus consecuencias, todos los principios éticos que las grandes religiones y las más elevadas filosofías erigieron a lo largo de milenios de sufrimientos y calamidades fueron pisoteados y bárbaramente desconocidos.

Son muchísimos los pronunciamientos sobre los sagrados derechos de la persona a través de la historia y, en nuestro tiempo, desde los que consagró la Revolución Francesa hasta los estipulados en las Cartas Universales de Derechos Humanos y en las grandes encíclicas de este siglo. Todas las naciones civilizadas, incluyendo la nuestra propia, estatuyeron en sus constituciones garantías que jamás pueden suspenderse, ni aun en los más catastróficos estados de emergencia: el derecho a la vida, el derecho a la integridad personal, el derecho a proceso; el derecho a no sufrir condiciones inhumanas de detención, negación de la justicia o ejecución sumaria.

De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de «excesos individuales»? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores. Si nuestras inferencias no bastaran, ahí están las palabras de despedida pronunciadas en la Junta Interamericana de Defensa por el jefe de la delegación argentina, General Santiago Omar Riveros, el 24 de enero de 1980: «Hicimos la guerra con la doctrina en la mano, con las órdenes escritas de los Comandos Superiores» . Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los «excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia» , revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.

Los operativos de secuestro manifestaban la precisa organización, a veces en los lugares de trabajo de los señalados, otras en plena calle y a la luz del día, mediante procedimientos ostensibles de las fuerzas de seguridad que ordenaban «zona libre» a las comisarías correspondientes.

Cuando la víctima era buscada de noche en su propia casa, comandos armados rodeaban la manzanas y entraban por la fuerza, aterrorizaban a padres y niños, a menudo amordazándolos y obligándolos a presenciar los hechos, se apoderaban de la persona buscada, la golpeaban brutalmente, la encapuchaban y finalmente la arrastraban a los autos o camiones, mientras el resto de comando casi siempre destruía o robaba lo que era transportable. De ahí se partía hacia el antro en cuya puerta podía haber inscriptas las mismas palabras que Dante leyó en los portales del infierno: «Abandonad toda esperanza, los que entrais».De este modo, en nombre de la seguridad nacional, miles y miles de seres humanos, generalmente jóvenes y hasta adolescentes, pasaron a integrar una categoría tétrica y fantasmal: la de los Desaparecidos. Palabra - ¡triste privilegio argentino! - que hoy se escribe en castellano en toda la prensa del mundo.Arrebatados por la fuerza, dejaron de tener presencia civil. ¿Quiénes exactamente los habían secuestrado? ¿Por qué? ¿Dónde estaban? No se tenía respuesta precisa a estos interrogantes: las autoridades no habían oído hablar de ellos, las cárceles no los tenían en sus celdas, la justicia los desconocía y los habeas corpus sólo tenían por contestación el silencio. En torno de ellos crecía un ominoso silencio. Nunca un secuestrador arrestado, jamás un lugar de detención clandestino individualizado, nunca la noticia de una sanción a los culpables de los delitos. Así transcurrían días, semanas, meses, años de incertidumbres y dolor de padres, madres e hijos, todos pendientes de rumores, debatiéndose entre desesperadas expectativas, de gestiones innumerables e inutiles, de ruegos a influyentes, a oficiales de alguna fuerza armada que alguien les recomendaba, a obispos y capellanes, a comisarios. La respuesta era siempre negativa.

En cuanto a la sociedad, iba arraigándose la idea de la desprotección, el oscuro temor de que cualquiera, por inocente que fuese, pudiese caer en aquella infinita caza de brujas, apoderándose de unos el miedo sobrecogedor y de otros una tendencia consciente o inconsciente a justificar el horror: «Por algo será», se murmuraba en voz baja, como queriendo así propiciar a los terribles e inescrutables dioses, mirando como apestados a los hijos o padres del desaparecido. Sentimientos sin embargo vacilantes, porque se sabía de tantos que habían sido tragados por aquel abismo sin fondo sin ser culpable de nada; porque la lucha contra los «subversivos», con la tendencia que tiene toda caza de brujas o de endemoniados, se había convertido en una represión demencialmente generalizada, porque el epiteto de subversivo tenía un alcance tan vasto como imprevisible. En el delirio semántico, encabezado por calificaciones como «marxismo-leninismo», «apátridas» , «materialistas y ateos» , «enemigos de los valores occidentales y cristianos» , todo era posible: desde gente que propiciaba una revolución social hasta adolescentes sensibles que iban a villas-miseria para ayudar a sus moradores. Todos caían en la redada: dirigentes sindicales que luchaban por una simple mejora de salarios, muchachos que habían sido miembros de un centro estudiantil, periodistas que no eran adictos a la dictadura, psicólogos y sociólogos por pertenecer a profesiones sospechosas, jóvenes pacifistas, monjas y sacerdotes que habían llevado las enseñanzas de Cristo a barriadas miserables. Y amigos de cualquiera de ellos, y amigos de esosamigos, gente que había sido denunciada por venganza personal y por secuestrados bajo tortura. Todos, en su mayoría inocentes de terrorismo o siquiera de pertenecer a los cuadros combatientes de la guerrilla, porque éstos presentaban batalla y morían en el enfrentamiento o se suicidaban antes de entregarse, y pocos llegaban vivos a manos de los represores.Desde el momento del secuestro, la víctima perdía todos los derechos; privada de toda comunicación con el mundo exterior, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales, ignorante de su destino mediato o inmediato, susceptible de ser arrojada al río o al mar, con bloques de cemento en sus pies, o reducida a cenizas; seres que sin embargo no eran cosas, sino que conservaban atributos de la criatura humana: la sensibilidad para el tormento, la memoria de su madre o de su hijo o de su mujer, la infinita verguenza por la violación en público; seres no sólo poseídos por esa infinita angustia y ese supremo pavor, sino, y quizás por eso mismo, guardando en algún rincón de su alma alguna descabellada esperanza.

De estos desamparados, muchos de ellos apenas adolescentes, de estos abandonados por el mundo hemos podido constatar cerca de nueve mil. Pero tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.Con tristeza, con dolor hemos cumplido la misión que nos encomendó en su momento el Presidente Constitucional de la República. Esa labor fue muy ardua, porque debimos recomponer un tenebrosos rompecabezas, después de muchos años de producidos los hechos, cuando se han borrado liberadamente todos los rastros, se ha quemado toda documentación y hasta se han demolido edificios.

Hemos tenido que basarnos, pues, en las denuncias de los familiares, en las declaraciones de aquellos que pudieron salir del infierno y aun en los testimonios de represores que por oscuras motivaciones se acercaron a nosotros para decir lo que sabían.En el curso de nuestras indagaciones fuimos insultados y amenazados por los que cometieron los crímenes, quienes lejos de arrepentirse, vuelven a repetir las consabidas razones de «la guerra sucia» , de la salvación de la patria y de sus valores occidentales y cristianos, valores que precisamente fueron arrastrados por ellos entre los muros sangrientos de los antros de represión. Y nos acusan de no propiciar la reconciliación nacional, de activar los odios y resentimientos, de impedir el olvido. Pero no es así: no estamos movidos por el resentimiento ni por el espíritu de venganza; sólo pedimos la verdad y la justicia, tal como por otra parte las han pedido las iglesias de distintas confesiones, entendiendo que no podrá haber reconciliación sino después del arrepentimiento de los culpables y de una justicia que se fundamente en la verdad. Porque, si no, debería echarse por tierra la trascendente misión que el poder judicial tiene en toda comunidad civilizada. Verdad y justicia, por otra parte, que permitirán vivir con honor a los hombres de las fuerzas armadas que son inocentes y que, de no procederse así, correrían el riesgo de ser ensuciados por una incriminación global e injusta. Verdad y justicia que permitirán a esas fuerzas considerarse como auténticas herederas de aquellos ejércitos que, con tanta heroicidad como pobreza, llevaron la libertad a medio continente.

Se nos ha acusado, en fin, de denunciar sólo una parte de los hechos sangrientos que sufrió nuestra nación en los últimos tiempos, silenciando los que cometió el terrorismo que precedió a marzo de 1976, y hasta, de alguna manera, hacer de ellos una tortuosa exaltación. Por el contrario, nuestra Comisión ha repudiado siempre aquel terror, y lo repetimos una vez más en estas mismas páginas. Nuestra misión no era la de investigar sus crimenes sino estrictamente la suerte corrida por los desaparecidos, cualesquiera que fueran, proviniesen de uno o de otro lado de la violencia. Los familiares de las víctimas del terrorismo anterior no lo hicieron, seguramente, porque ese terror produjo muertes, no desaparecidos. Por lo demás el pueblo argentino ha podido escuchar y ver cantidad de programas televisivos, y leer infinidad de artículos en diarios y revistas, además de un libro entero publicado por el gobierno militar, que enumeraron, describieron y condenaron minuciosamente los hechos de aquel terrorismo.

Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras, y sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Unicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado.

martes, 24 de marzo de 2009

Devuélveme el corazón cuando hayas dejado de jugar con el



esto lo encontré en un blog y me encantó... refleja todo lo q siento en este momento...

De memoria lo sé todo. Imagino la escena cientos de veces al cabo del día. Me enfado. Me desenfado. Me hundo, floto. Me libero. Vuelvo a sentirme mal. Es una escena repetida…. Tan repetida en mi mente que casi ya he creído que haya sucedido en la realidad. Pero no. No tengo valor. Y una gota de alma se me va por cada rendija, por cada día en el que me falta la valentía para decir adiós. Vete. Aléjate de mí. Olvida que existo. Déjame vivir. Déjame intentar olvidarte.Pero soy como una muñeca en sus manos. Como barro. Como cera. Me hace y me deshace. Y me dejo llevar por un espejismo, y no sé por qué, donde me deje la cordura, donde el amor propio, donde las ganas de seguir adelante sin él. Supongo que la esperanza a veces nos arrastra y otras nos arrasa…. Y las que más nos da alas, pero ahora, ¿Quién quiere alas en medio de la tempestad? Déjame. Aléjate. Vuela tú sola que yo, yo me quedo en esta herida que ni se cierra ni cicatriza, que es amor, o un sucedáneo de amor. Ni lo sé.
Es la misma historia desde hace meses. Me repito que ya debía estar bien. No bien de curada. Pero con las heridas, que menos, que cosidas, aunque duelan de vez en cuando, y sin embargo, sigo ese rastro suyo, ese hilo que me ahoga, esas veces que no puedo decir que no , que no quiero que nos veamos. Déjame. Aléjate. Olvida que existo. Dame la oportunidad de olvidarte.
Me convenzo. Pero me miento.
No te vayas, quédate, no te alejes ni un segundo de mi vida, porque te quiero, porque si no estás me falta un poco el aire y las ganas de vivir, porque te quiero más de lo que me quiero, y está mal, lo sé, pero estoy tan mal sin ti… porque me falta ilusión y ganas de ser feliz. Porque a veces creo que lo intento. A veces creo que lo consigo. Lo siento. Créeme que lo siento. Pero es que te quiero. Y tenerte a medias me mata y me da vida al mismo tiempo, y aunque me duela, prefiero morirme lento a tu lado que rápidamente sin ti.
Y esa es la realidad. Lo que me sale si no pienso tanto. Si me dejo llevar por lo que siento. Y de repente el nudo en el estómago se va deshaciendo y las lágrimas me manchan los ojos.
Esto es lo que pasa cualquier noche, cuando estás saturada de todo. Cansada de pensar todo el día donde está el valor cuando se necesita. Con un bajón escuchando una y otra vez la misma canción.


martes, 24 de febrero de 2009

Pappo - 10 de Marzo de 1950 - 24 de Febrero de 2005


Viva pappo

Montado al Harley
cruzó al más allá
por esa ruta
que apenas se divisa.

Y en su guitarra
que no para de sonar
vibra su alma
que siempre estará viva.

Cerveza fresca, para su sed
por esa ciénaga de Macadam.
¿Quién eres tu forastero?
Bienvenido al mundo nuevo!

Reciban los dioses
a nuestro rey de la guitarra
concédanle una autopista del fuego
que su espíritu no para de cantar

Y a lo alto viajo por su sueño
¿Quién espera el tren de las 16?
¿Quién se divierte andando en Cadillac?
Sucio y desprolijo, el brujo y el tiempo
en su rueda de metal!

sábado, 21 de febrero de 2009

Feliz Cumple!!!!! te amo hermanaaaa (L)

No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para todas tus dudas y temores, pero puedo escucharte… y buscar soluciones contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro, Pero… cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces, sólo puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus logros… no son míos, pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida, me limito a escucharte, apoyarte y estimularte si así me lo pides y si no me lo pides… también.
No puedo trazarte límites dentro de los cuáles actuar, pero si te ofrezco… el escenario necesario para crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguien te parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo.
No puedo decirte quien eres, ni quien deberías ser, sólo puedo quererte tal y como eres y ser tan solo un amigo.

miércoles, 18 de febrero de 2009

29 de enero de 2009


  Todo lo que alguna vez había soñado y pensaba que tenía entre las manos, se me escapó como agua que corre entre los dedos.
  El destino y la vida no me jugaron una buena pasada.
  Hoy me es mas fácil dar por vencida que seguir luchando en vano.
  Mis ojos están cansados de llorar y pasar noches enteras sin cerrarse tratando de buscar una solución a todo esto.
  Me pregunto cuándo fue que perdí mis sueños, cuándo fue que me dejé ganar por las presiones diarias y el hastío cotidiano, cuándo fue que mis ideales que creía eternos se volvieron débiles, cuándo fue que endurecí mi corazón para no dejar entrar mas amor del que me hace daño, cuándo fue que mi cabeza se enteró de que las cosas no son fáciles, cuándo fue que resigné mi felicidad.
  Ya no creo en la justicia ni en promesas.
  No creo en segundas oportunidades ni en recompensas.
  Ya no soy la nena que veía todo color de rosa y podía sentir un futuro mucho mejor.
  Hoy sólo veo que la vida no es como imaginaba, que los sueños que uno planta no siempre crecen y que el destino de uno está marcado para siempre y es difícil de cambiar.
Ya no espero que todo vuelva ni espero otra verdad.

-x7-

27 de enero de 2009

   Algún día debería empezar a entender que el destino no está de mi lado.
  Debería dejar de esperar cosas que nunca van a llegar.
  Debería dejar de perseguir cosas que nunca van a volver.
  ¿Pero cuál es la forma si todo me lleva a eso?
  ¿Cómo se hace para olvidar?
  ¿Cuál es la forma de eliminar los recuerdos?
  ¿Cómo se hace para no reprocharse a uno mismo?
  ¿Cómo es que lo que para mi era tan perfecto para vos era solo un juego?
Todo lo que veo, todo lo que toco, todo lo que siento, todo me parecen señales tuyas.
¿Señales de qué?
¿Señales para qué?
Me engañé a mi misma pensando que ibas a volver.
Pero hoy descubrí que no.
Ya me dí cuenta de que no.
Hoy se rompió el disco que me regalaste.
Y ya no necesito mas nada para saber que quien yo creía hecho para mi, en realidad no lo era.
Y ni un millón de promesas van a traerte.
Y me destrozo la cabeza pensando en porqué el destino te puso en mi camino.
Pero no encuentro la respuesta.
Y hoy siento que esas señales son solo obstáculos que la vida me pone para hacer más difícil esta estadía sin vos.

-x7-

domingo, 15 de febrero de 2009

Mi pequeña infinidad


Y una noche
Me tuve que guiar
De tu imperceptible respirar
En mis brazos
Refugié tu ansiedad
Vamos recorriendo
Tan dulce
Tan hermosa
Tus sueños se cumplirán
Nadie puede separarnos
Mi pequeña princesa
Nadie puede separarnos
Mi pequeña infinidad
Tus palabras
Inundaron mi debilidad
Tu sonrisa, mi alma
Y creí
que todo te debía enseñar
Y me mostraste como caminar
Tan dulce
Tan hermosa
Tus sueños se cumplirán
Nadie puede separarnos
Mi pequeña princesa
Nadie puede separarnos
Mi pequeña infinidad
Cabezones - Mi pequeña infinidad

Sour Girl


She turned away, what was she lookin at?
She was a sour girl the day that she met me
Hey, what are you lookin at?
She was a happy girl the day that she left me
She turned away, what was she lookin at?
She was a sour girl the day that she met me
Hey, what are you lookin at?
She was a happy girl when she left me
What would you do?
What would you do if I followed you?
What would you do?
I follow
Don't turn away what are you lookin at?
He was so happy on the day that he met her
Say, what are you lookin at?
I was a superman but looks are decieving
The rollercoaster rides a lonely one
I paid a ransom note to stop it from steaming
Hey, what are you lookin at?
She was a teenage girl when she met me
What would you do?
What would you do if I followed you?
What would you do?
I follow
What would you do?
What would you do if I followed you?
What would you do?
I follow
The girl got reasons
They all got reasons
What would you do?
What would you do if I followed you?
What would you do?
I follow
Stone Temple Pilots - Sour Girl